Ciertamente, las naciones no son sino producto de su historia. En ese contexto, todo análisis que involucre las relaciones internacionales, es parte fundamental de la geografía, donde se miden los puntos vulnerables, los espacios superpuestos de fracturas políticas, económicas, sociales y militares, cuya reflexión final conlleva a que cada nación deba sustentarse sobre variables relacionadas con la identidad territorial, como los límites y el impacto que generan las distintas transformaciones existentes en torno a las percepciones de esta identidad.
Hoy en día, donde el mundo se encuentra más afianzado a las diferentes y aceleradas modificaciones que han generado los países por los intereses que condicionan el presente para su propio beneficio, sobresale la globalización como elemento de enlace de la seguridad, defensa y desarrollo de la política internacional, la cual ha sido considerada en principio como elemento de estabilidad, al abrir una posible tendencia a la interdependencia de unos países con otros, así como, el avance en el campo de las comunicaciones y la integración de los mercados y de las personas con sus distintos ideales.
Sin embargo, esta presunta inclinación de impacto positivo en los últimos años ha resultado cada vez más preocupante, ya que ha pesar de haberse generado transfiguraciones escalonadas de forma y fondo en el mundo, no ha sido posible alcanzar resultados tangibles de desarrollo en forma equilibrada entre los países industrializados y los que están en vías de desarrollo, lo que ha conllevado a desigualdades muy notables que se van haciendo cada vez mayores, por lo que Ortega, J. (2001) ha considerado que “…la globalización podría ser un germen proclive a altos riesgos”. (pg. 68)
Este proceso homogeneizante que está ineludiblemente unido a premisas claras en materia de seguridad, ha penetrado generando posibles riesgos que requieren su atención por parte de los Estados, ya que el mismo no se ha constituido en un problema aislado, sino más bien ha buscado cubrir al mundo y abarcar la totalidad del globo, en la que el hombre se ha visto obligado a una identidad que se auto constituye por su aceptación y también se construye en sentido inverso o de rechazo a la globalización, por conformar esta un factor de potencial peligrosidad dentro del campo de la seguridad.
En este sentido, Lanz, R. (2004), ha considerado que ”…en los nuevos escenarios que se plantean de cara a la mundialización, habida cuenta de la crisis de categorías fundadoras de la modernidad política como Estado, Nación, Patria, Soberanía, Identidad, etc., se plantean desafíos muy grandes a la hora de reinterpretar las nuevas amenazas y las consiguientes estrategias de seguridad y defensa…”, donde Venezuela tiene una particular connotación en esta materia, al fundamentar la seguridad de esta en un concepto que ha pretendido escalonadamente romper rígidos paradigmas, mediante la concepción de una defensa integral, que conlleva necesariamente al ejercicio obligante de participación corresponsable de todos los venezolanos.
Así mismo, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece el concepto de la Defensa Integral, en donde los problemas de seguridad que enfrenta el Estado venezolano sobre esta materia no son solo de carácter militar, sino que abarca las dificultades que afronta el mismo para fortalecer los factores relacionados con la defensa y desarrollo de la sociedad, siendo corresponsabilidad de todos participar activa y conjuntamente en la solución de estos..
Estas consideraciones obedecen a que Venezuela es un país que se enmarca como un país de riquezas energéticas, agrícolas, forestales, mineras, hídricas y pesqueras, con problemas limítrofes de diversa índole, con la necesidad de un reordenamiento territorial, con problemas de narcotráfico, abigeato, secuestros, inmigración ilegal, elevada actuación del crimen organizado, problemas ecológicos, pobreza y desigualdades sociales entre otros y, en ese contexto, se requieren acciones contundentes que demandan la frontal e ineludible participación de las instituciones en su conjunto con la sociedad venezolana para la búsqueda de soluciones acertadas.
Paralelamente, Alvin Toffler ha manifestado que se ha venido acrecentando el desorden mundial, lo que ha conllevado a alcances perceptibles desde un momento trascendental de la historia y, cuyos pilares lo constituyeron y aún lo son, las relaciones internacionales, la geopolítica, la geoestrategia y geoeconomía entre otros, los cuales pasaron a conformar el punto de quiebre que abrió grandes brechas dentro del marco de la era de la globalización, siendo los más importantes los intereses creados ante la apertura del mercado económico, las nuevas tecnologías creadas en información y comunicaciones, las migraciones masivas y los problemas ecológicos.
A lo anteriormente mencionado, se le suma el marco en que se ha ido conformando este proceso desde el inicio del siglo XXI, lo que permite encontrar una combinación de los viejos problemas que acompañan a los roles hegemónicos de grandes potencias con la emergencia de nuevas disputas y conflictos en la que el campo militar ha venido adquiriendo cada vez más especial connotación que debe responder a las distintas amenazas reinantes, nacientes, en crecimiento y dispersas, que requieren potenciales aplicaciones estratégicas particularmente en los factores humanos de sus organizaciones y sus medios tecnológicos.
Arribar a un modelo de actuación posible dentro de este contexto, implica tomar en consideración como soporte dos factores fundamentales: la influencia de la globalización sobre el Estado venezolano y las nuevas amenazas y/o riesgos existentes a ser enfrentadas, basándose en el concepto de la Defensa Integral, aplicables tanto al contexto nacional e internacional. Ello, ineludiblemente requiere de un proceso escalonado de estudio y monitoreo para obtener la transmisión cognoscitiva en este campo, al visualizar con mayor amplitud y profundidad la necesidad de articular mediante distintas posibilidades, la producción intelectual de hechos relevantes que afectan al mundo, y por ende también a Venezuela, demandando cambios y ajustes acordes a los nuevos tiempos.
Jose Chachati